La Guelaguetza: la fiesta más grande de Oaxaca que el mundo necesita conocer

Cultura ⏱️ 6 min de lectura

Hay celebraciones que se explican con palabras y hay celebraciones que solo se entienden cuando las vives. La Guelaguetza es de las segundas. Cada julio, el estado de Oaxaca suspira, se viste con sus mejores colores y convoca a sus ocho regiones para compartir lo que son: su música, sus danzas, su comida, su lengua y su orgullo. Lo que ocurre en el Cerro del Fortín esos dos lunes de julio no es un espectáculo turístico. Es una declaración de identidad colectiva que lleva siglos haciéndose y que cada año se renueva con la misma fuerza.

¿Qué significa Guelaguetza?

La palabra viene del zapoteco y significa compartir o dar sin esperar nada a cambio. No es solo el nombre de una fiesta: es un concepto que define una forma de relacionarse entre comunidades que el pueblo zapoteca ha practicado durante siglos. La Guelaguetza como celebración colectiva tiene sus raíces en rituales prehispánicos dedicados a Centéotl, la diosa del maíz, que en el calendario agrícola zapoteca correspondía a julio. Con el tiempo, esas celebraciones se fusionaron con las tradiciones del calendario católico ligadas a la festividad de la Virgen del Carmen el 16 de julio, y así fue tomando la forma que hoy conocemos.

Cómo funciona la celebración

La Guelaguetza oficial se celebra los dos lunes siguientes al 16 de julio en el Auditorio Guelaguetza del Cerro del Fortín, en la ciudad de Oaxaca. Cada año participan delegaciones de las ocho regiones del estado: la Sierra Norte, la Sierra Sur, la Cañada, la Mixteca, el Papaloapan, la Costa, los Valles Centrales y el Istmo de Tehuantepec. Cada delegación presenta sus danzas y música regionales vestidos con sus trajes tradicionales y al final lanzan al público los productos y artesanías característicos de su zona. Ese momento de los "lanzamientos" —tlayudas, tejate, mole negro, artesanías— es uno de los más emotivos y caóticos de toda la celebración.

"La Guelaguetza no es solo danza. Es la forma en que un estado entero le dice al mundo: mira todo lo que somos, mira de dónde venimos, y recibe algo de lo que tenemos."

La Diosa Centeotl: el corazón femenino de la fiesta

Días antes del gran evento, se elige a la Diosa Centeotl, una joven que representa a la diosa del maíz y que encabeza los festejos. Su elección no es un concurso de belleza: es un reconocimiento a una mujer que encarna los valores y la cultura de su comunidad. La Centeotl preside los desfiles, el baile de la Pluma y los momentos más solemnes de la celebración. Su presencia le da a la Guelaguetza una dimensión simbólica que trasciende lo festivo y la conecta con su raíz espiritual original.

El Istmo en la Guelaguetza: la delegación más esperada

Para quienes venimos del Istmo de Tehuantepec, la participación de la delegación istmeña en la Guelaguetza siempre genera un orgullo especial. Las tehuanas que desfilan con sus huipiles bordados, sus joyas de oro y su porte inconfundible son una de las estampas más icónicas de toda la celebración. La Sandunga, el son del Istmo que hace llorar a cualquier zapoteco fuera de su tierra, resuena en el auditorio con una fuerza que ninguna descripción puede capturar del todo. Si alguna vez vas a la Guelaguetza, quédate hasta que suene el Istmo.

Más allá del auditorio: la Guelaguetza popular

La Guelaguetza que ocurre en el auditorio es importante, pero no es la única. Paralelamente, en los barrios de Oaxaca y en los pueblos del Istmo se realizan fiestas, Velas y celebraciones comunitarias que muchos consideran más auténticas que el espectáculo oficial. Si visitas la región en esta temporada, no te limites al auditorio. Camina por los mercados, entra a una vela de barrio, escucha la música en las calles, acepta una tlayuda de manos de quien te la ofrezca. La Guelaguetza verdadera vive en ese intercambio cotidiano que no tiene boletería ni palcos reservados.

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